Por el año 2001 el país atravesaba un período sumamente difícil, con secuelas que aun arrastramos. La miseria, la violencia, el desempleo, la crisis del sistema educativo y sanitario se convirtieron en situaciones cotidianas para gran parte de la población.
Esta imagen generalizada se agravó aun más en lugares como La Cava, una villa del partido de San Isidro, que cuenta ya con 50 años de historia.
Las diez mil personas que allí viven, sufren innumerables carencias: la precariedad de sus viviendas, la escasez de servicios básicos, la falta de desagües que provoca inundaciones periódicas y la inexistencia de cloacas que ocasiona problemas agudos de salud.
Pero no todo son carencias en San Isidro, sino todo lo contrario. Lo que más llama la atención en el barrio es el contraste evidente entre esa realidad y la del entorno que envuelve a la villa, con residencias de vecinos con un alto nivel adquisitivo.
Por ese entonces, entre protestas populares y saqueos, con una sociedad convulsionada por la crisis, un grupo de voluntarios, congregados en la Parroquia del barrio, comenzamos a juntarnos y a pensar qué podíamos hacer para modificar esa situación extrema.
|